En el Norte aun existe un Territorio Salvaje: desde el Mar Cantábrico, hasta las tierras de campos del sur de León, pasando por la gran Cordillera Cantábrica, todo un mundo de paisajes, fauna y flora.

Este año, entre otras cosas, toca profundizar en los paisajes marinos. Es inexplicable que no lo haya hecho hasta ahora, habiendo incluso vivido en la orilla misma de nuestro mar cantábrico! pero… eran otros tiempos, y no se puede estar siempre a todo.

La costa asturiana tiene siempre rincones nuevos esperando ser descubiertos. Aunque este no es precisamente uno de ellos, ya que durante mi estancia en Gozón llegué a conocer bien cada recoveco, debo decir que cada visita es siempre como la primera: siempre hay algo nuevo en lo que fijarse. En esta ocasión, con un buen mar de fondo, y fuerte viento del noroeste, y tras algunos días de lluvia que empujaban al agua dulce a precipitarse por cualquier vaguada hacia el mar, llegamos a esta pequeña calita bien protegida, David Álvarez y yo, en principio atraídos por la observación de fauna refugiada de la agresividad del mar, pero finalmente atrapados por la belleza de una pequeña cascada de esas temporales que sin seguir cauce alguno pretenden robar protagonismo al acantilado.

Bajamos con todo el equipo a la orilla de piedras redondas, y se nos olvidó volver, entregados a la búsqueda del encuadre y luz que intuíamos al acercarnos. Después de dos horas, la cascada quedó en un mero murmullo de fondo, entre el rítmico oleaje y el rodar de las piedras de la orilla cuando la ola se retira dibujando las estelas que nos obsesionaron, y que se nos escapaban entre los bloques más grandes.

Un par de fotos de muestra por ahora, mientras continúo el revelado. Como siempre, gracias por mirar. 🙂

Playa de viodo
Larga exposición en día nublado en la Playa de Viodo.
Playa de Viodo
Larga exposición en la Playa de Viodo.

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