En el Norte aun existe un Territorio Salvaje: desde el Mar Cantábrico, hasta las tierras de campos del sur de León, pasando por la gran Cordillera Cantábrica, todo un mundo de paisajes, fauna y flora.
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Pechiazul: primer asalto.

Reconozco que desde que vi la primera foto de pechiazul en una guía, sentí un flechazo inmediato. No se qué tenía, pero nada más verlo me dije: precioso! quiero verlo! y retratarlo, si se puede claro :D.

Pues parece ser que se cumple eso de que si algo lo deseas con suficiente fuerza… termina cumpliéndose, porque aquí estamos, con algo de experiencia ya con el bichito, y un puñado de fotos con las que ir abriendo boca. El contacto previo con el bicho (de nuevo gracias al amigo Falagán, culpable en los últimos tiempos del ensanchamiento de mis horizontes fotográficos de naturaleza animal 😉 ) no fue muy satisfactorio, aunque suficiente como para obligarme a madrugar al día siguiente para estar al amanecer prismático y cámara en mano esperando el encuentro. Y aquí está, un primer contacto personal con la especie, resumido en unas lineas y un puñado de fotos.

Esa mañana, inesperadamente, la temperatura había bajado de 0ºC, pero el día, despejado, llegó entre trinos de multitud de especies en el encinar, una de ellas, !bien¡, mi buscado pechiazul. Lo primero que se ve, suele ser una silueta a lo lejos en lo alto de una encina, como una veleta sonora:

Pechiazul reclamando atención.
Luiscinia svecica.

Una vez localizado uno (aunque suelen ser varios los que alcanzar a la vista si tienes campo de visión…), prismáticos en mano pasará un buen rato observando lo que hace: trina como loco, hacia los 4 vientos, marcando su posición, y dejando ver su peculiar babero azul, con o sin medallón blanco en medio. De repente, puede lanzarse al suelo, por donde camina ágilmente en la espesura. También suele ascender dando un giro amplio, para dejarse caer casi como un helicóptero sobre la siguiente encima. Fui incapaz de retratar esto adecuadamente… otra vez será :).

Pechiazul cantando sobre encina.
Luscinia svecica.

Aquí podemos ver un retrato más de cerca -si permaneces tranquilo y medio oculto, puedes no asustarlos fácilmente…- donde se aprecia lo que parece una garrapata en la ‘comisura’ del pico. -la zona era muy propicia…-.

Retrato de pechiazul.
Luscinia svecica.

La experiencia mañanera fue de las que marcan: la soledad en el encinar, no interfiriendo en el entorno, y pudiendo ver todo lo que allí se cuece… es genial 🙂 Además de las huellas de grandes mamíferos como jabalí, o lobo, gato montés… asomó un gran corzo macho, numerosos gazapos, varias parejas de curruca carrasqueña y curruca rabilarga -futuros objetivos :D-, ruiseñores, arrendajos, y algunas rapaces como milanos o una pareja residente de águila calzada. De toda la jornada, me quedo con la siguiente imagen, y otra que he elegido como foto del mes de abril, donde puede apreciarse el vaho al cantar con el inteno frío de la mañana.

Pechiazul a contraluz al amanecer.
Luscinia svecica.

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